Utilizar una herramienta en lugar de la fuerza manual tiene múltiples ventajas: algunas obvias como la rapidez y simplicidad de la operación y otras aún más importantes, a menudo pasadas por alto, como la seguridad del operador y la calidad consistente en nuestras piezas fundidas.
Existen otros métodos, usar un método térmico puede afectar la estructura metalográfica de la zona afectada por el calor, comprometiendo la calidad de la pieza.
¿Vale la pena utilizar un sistema de rotura rudimentario cuando existen soluciones económicas como los equipos de WEIJING que previenen tanto los sobreesfuerzos del personal como el daño a las piezas?
Veamos primero un poco de física:
Tener en cuenta que no todos los materiales son aptos para la separación por impacto. Para esto vamos a recordar un poco de física. El material puede ser dúctil o frágil.
El ensayo de impacto Charpy es un método estándar (ASTM E23, ISO 148-1) utilizado para determinar la tenacidad o la capacidad de absorción de energía de un material al ser sometido a un golpe seco de alta velocidad. Mediante un péndulo, se mide la energía (en Joules) que absorbe una probeta entallada al fracturarse, lo que permite evaluar si un material se comporta de manera dúctil o frágil bajo carga. Otra variable importante es la temperatura, ya que los valores de tenacidad pueden variar muchísimo para una aleación con solo unos pocos grados de diferencia de temperatura.
Repasemos brevemente los tipos de impacto:
Choque elástico: Se conservan la energía cinética Ec=(m *v2)/2 y la cantidad de movimiento. p=(m*v).
Ec: energía cinética
m: masa
v: velocidad
p: cantidad de movimiento
Choque inelástico: Solo se conserva la cantidad de movimiento. Parte de la energía cinética se transforma en energía de deformación.
En un choque idealmente elástico la energía cinética total es la misma antes y después del impacto. En nuestro caso práctico la energía de deformación es mínima y por lo tanto, es inevitable que los trozos desprendidos sean despedidos; por lo que se aconseja ubicar el área de trabajo frente a una pared de protección.
Martillo manual versus martillo neumático:
Como regla general podemos definir la necesidad de una herramienta conociendo el esfuerzo actual que nos demanda la pieza. Si con un martillo menor a los 2 kilos puede separarse manualmente el sistema de alimentación no valdría la pena utilizar un martillo neumático. Cuando se precisa en cambio una masa mayor debemos tener en cuenta que el uso continuado de utilizar masas de 5 o 10 kilos producen inevitablemente enfermedades ocupacionales. No somos médicos: ¡Pero sí técnicos e ingenieros que sabemos calcular reacciones de apoyo y momentos en las articulaciones!
Para cuidar tanto del personal como de las piezas fundidas en estos casos se debe considerar un martillo neumático. Hay que tener en cuenta que los martillos neumáticos son pesados por naturaleza y requieren elementos portantes. Y otra consideración a no olvidar es que está presente el fenómeno de retroceso (tal como sucede en las armas de fuego). Por lo que el cálculo preciso del impacto necesario logrará desprender el montante con un solo impacto, evitando el desgaste de la herramienta que sufre con los golpes que no logran romperlo. De todas maneras, el operador del equipo está protegido de sentirlo.

Necesidades de Mantenimiento
El mayor cuidado recae en el aire, éste debe estar exento de agua y suciedad y ser lubricado, ya que la tecnología exige retenes de alta velocidad. Por lo demás, el mantenimiento es convencional.
¿Siempre es el mejor sistema la rotura con martillo? ¡Decididamente no! De acuerdo con las exigencias del proceso podría dar un mejor resultado la cuña hidráulica, un cortador, oxicorte plasma o corte por agua, esto dependerá del material (aleación) de las piezas, así como también del tamaño y geometría de los canales de alimentación.
¡Los invitamos a enviarnos la aleación, tamaño de la pieza y disposición de los montantes para recomendarles la herramienta ideal!





